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  • Exitosa presentación de Onintza Enbeita

    ¡Qué a gusto escuchamos a Onintza Enbeita! Con la excusa de la vida de Feli Madariaga compartió con nosotros sus fantasmas reflexiones. Feli ha trabajado mucho en la granja pero no se nota el cansancio en su relato plagado de mensajes positivos: ha sido libre, ha trabajado para sí mismo, el caserío les ha dado todo…

    Paradójicamente, nos sentimos mucho más libres que la gente que trabaja en el caserío o los baserritarras, pero estamos vinculados a una hipoteca, tenemos que trabajar obligatoriamente ocho horas… Da igual en que trabajes, que siempre dendeprás de algo. Es cierto que es hermoso ver cómo Feli ve una libertad a esa vida atada. ¿Qué libertad le ve? Que puede trabajar al aire libre, no tiene que estar dentro de cuatro paredes y no está trabajando para nadie.

    No obstante, muchas veces al hablar de los caseríos se suelen romantizar o idealizar; pero como todo, tienen una cara B: Trabajos de cuidado muy atados, sin gratitud, y a menudo sin un trato adecuado. Esto ha ocurrido aquí hasta hace cuatro días.

    Ha habido una generación entera a la que no se le ha reconocido nada, a lo que el libro «Bizitza baten txatalak» ha querido dar voz a esta generación mediante una persona que todos identificamos y valoramos: la abuela, la tátara abuela, la vendedora de la feria que tanto estimamos…

    Hasta hace no mucho estábamos acostumbrados a comer bien, recibir unos ingresos dignos y ser autosuficientes; pero desde que han hecho a los ganaderos dependientes de subvenciones y ayudas, todo esto ha terminado.

    Por lo que, aquí está nuestra reivindicación de lo simple, lo diario y sostenible.

    Han puesto un tesoro en nuestras manos. Gracias Feli por tu generosidad, y gracias también a Onintza por transmitirnos el testimonio de Feli.